• Anina Walder

Tú no eres tus pensamientos ¿lo sabías?

Convertirse en observadora de la mente que piensa es útil.

Es dar un paso atrás, para sanar.

Es darse cuenta que la mente es una herramienta y que, como tal, cuando ha cumplido su función es importante dejarla descansar.

Es saber que dejar de pensar no tiene nada que ver con dejar de existir.

Es perder la constante y angustiante necesidad de definirte a ti misma, pues hoy comprendes claramente que tú no eres tu imagen mental.

Es comprender que el ego, esa voz que habla más fuerte, es un falso ser que se crea cuando te identificas con el pensamiento y que para bajarle el volumen sólo tienes que reconocer que existe.

Es entender que aunque pensar nos hace humanas, no somos nuestros pensamientos.

Es darse cuenta que no se tiene el control de lo que se piensa pero sí elección de lo que se interpreta.


Convertirse en observadora de la mente que piensa es significar la iluminación solo como una forma más clara, alineada y funcional de pensar; que todas incluyéndote a ti podemos lograr.

Es darse cuenta que de un pensamiento nace la emoción.

Es entender entonces que si no soy mis pensamientos tampoco soy mis emociones.

Es reconocer que yo elijo dónde pongo mi atención y mi energía.

Es reconocer en ti mi propia proyección y elegir qué quiero hacer con ella.

Es hacerse responsable y aprender a responder y dejar de reaccionar.

Es ver al presente no como un medio para lograr un fin, sino como el fin en sí mismo.

Es creatividad eterna pues en el silencio de la mente es donde se encuentra el espacio para generar nuevas ideas.

Es no perder la capacidad de sorprenderte pues nunca se tiene la razón.

Es reconocer que cuanto menos identificada esté con el pensamiento más libertad tengo de elegir mi yo auténtico, mi yo libre.

Es ver las emociones como un flujo de energía: para trascender solo necesitan que las dejes fluir.

Es dejar de ser víctima de lo que los demás hacen o dejan de hacer.

Es ser feliz siendo coherente con lo que pienso, digo y hago.

Es dejar de ser víctima de la dualidad, del “bien y el mal”.

Es la sabiduría de comprender que los problemas del corazón no se resuelven nunca con la mente y que el amor siempre es la solución.

Es reconocer que los “debes” y los “tienes” son inventos del ego.

El ser no se obliga a nada pues no necesita de nada.

Es ser humilde y dejar de creer que lo que pienso es la única verdad, incluyendo lo que pienso de mi misma.


Es reconocerte a ti misma como la mujer bella, empoderada y por sobre todo completa que ya eres ahora.


Convertirse en en observadora de la mente que piensa es sencillo, si deseas aprender cómo hacerlo no dudes en aplicar para obtener una sesión de cortesía y platicarte de viva voz cómo es que mi programa de acompañamiento emocional puede apoyarte para lograrlo.

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