Ejercicio para aprender a sentir y sanar.

Regalarte permiso de sentir hará que dejes de sufrir.

Querida, este post probablemente vaya a ser un poquito largo, y digo probable porque en lo que me preparaba un té para sentarme a escribir me vino una idea a la cabeza y al regresar a investigar un poco sobre ella me he dado cuenta que esta semana me he encontrado con un temazo ¡espero que te guste y te funcione para liberar alguna situación en tu vida! Si así sucede te invito, al final del artículo, a dejarnos tu experiencia en los comentarios.

"El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional"- Buda

Entre las sesiones de acompañamiento emocional que di esta semana, experiencias personales emocionalmente impactantes y no te lo puedo negar... ¡un tanto mucho dolorosas! (mi papá está pasando por un proceso personal muy fuerte) y lo que he aprendido en cursos, libros, artículos y demás que voy revisando cada día: "el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional", ha sido la frase ganadora y mi gran reto de la semana. Y es que justo pasa que cuando el ser está metido en el embrollo del sentimiento a flor de piel (enojo, tristeza, angustia, preocupación, desesperación, frustración, etc.) el ego sale a querer racionalizar el sentimiento con frases -léase en tono desesperado- como éstas: si socialmente esto no es lo correcto y por lo tanto ella no debería de haber hecho o dicho semejante cosa ¿cómo es que en esta situación enojarme puede ser opcional?; si esto no es justo para nadie ¿cómo no voy a estar frustrada?; si es real que vives del otro lado del mundo ¿cómo me libero de la impotencia que siento al no poder estar contigo?

Si cuando comienzas a sentir aparecen pensamientos como éstos, ojo, es una señal de que él que está pasando por la puerta es el sufrimiento y no el dolor.

¿Para qué sirve el dolor?

¿Has notado que cuando hacemos ejercicio y sentimos una incomodidad inmediatamente tendemos a etiquetarla como dolor? Algo similar, creo yo, que sucede con los sentimientos. Cuando recibimos un impacto emocional reaccionamos y de manera instintiva y casi automática lo etiquetamos como sufrimiento. Hemos aprendido, culturalmente, que sentir emociones consideradas como “negativas”, “bajas” o “dolorosas” (como son la tristeza, el enojo, etc.) es sufrir; hemos aprendido que sentir algo incómodo es el fin de nuestra plenitud, de nuestra paz; y es no dormir bien por las noches. Cuando en realidad, en los sentimientos como en el ejercicio, la incomodidad tiene la función única de indicar que existe una situación que requiere ser evaluada y atendida. Evaluada en el sentido de: ¿me duele rico de “me estoy esforzando”? o ¿me duele horrible de “me estoy lastimando”? y atendida en función de parar si mi dolor responde a la segunda.

¿Dolor o sufrimiento?

El sufrimiento es la incapacidad de decirnos “para, toma un respiro y regresa” a nosotras mismas, el sufrimiento es decir “ay, no pasa nada” cuando en realidad está pasando de todo, es ocultarse a una misma sus propios sentimientos, es enojarme con mi hermana porque dañó mi blusa favorita cuando en realidad estoy enojada conmigo porque no le pude decir que no cuando me la pidió. Sufrimos cuando nos engañamos a nosotras mismas para disimular lo que realmente nos sucede.

El sufrimiento es el dolor emocional siendo alimentado por el ego a través de una serie de razonamientos que parecen darle lógica a la emoción. Por ejemplo: si tu mejor amiga no te invita a su fiesta, lo más probable es que tú te enojes con ella y tu ego comience a racionalizar el sentimiento para que parezca lógico y tú tengas la razón de sentir lo que sientes (juicios, defectos, ética y moral). Probablemente te sientas triste, enojada, humillada y gracias a los pensamientos del ego alternes de emoción en emoción por meses.

¿Cómo detener el sufrimiento?

Regalándote el permiso de sentir la raíz de ese dolor. Es decir, hoy no te toca dejarte sentir el “por qué tu amiga no te invitó a la fiesta” sino el “qué me dije a mi misma de mi valor como persona cuando ella no me invitó a la fiesta”.

Otro ejemplo que se me viene a la mente es: no sentir “como yo tengo la razón de que mi hermana es una desconsiderada por arruinar mi blusa favorita” sino “qué pienso que dice de mí decir que no”. Mientras sigamos mirando hacia afuera no lograremos detener el sufrimiento.

El acompañamiento emocional se enfoca en conectar con lo que sentimos para lograr mirarlo desde adentro y así trascenderlo.

Para sentir dolor y no sufrir es necesario dar ese salto de fe y confiar en que los tiempos del Universo son perfectos. Sentir sin sufrir es dejar de temer mostrarte vulnerable sabiendo que, aunque eso te hace menos perfecta, te vuelve mucho más humana.

Abrazar el dolor sin sufrir es soltar la necesidad de estar en lo cierto, es dejar de juzgar, es dejar de ver quién o qué tiene la culpa. Permitirte sentir dolor sin sufrir es como amar sin miedo a ser herido, es bajar tus barreras entendiendo que nadie ni nada está en tu contra.

Sentir, simplemente sentir es elegir mirar lo que sucede a través del amor.

Ejercicio para sanar el dolor emocional.

¿Has notado que mientras más estamos en conexión con nuestro cuerpo, mente y espíritu más experimentamos el estado de plenitud? Para sentirnos realizadas es necesario estar en conexión con todas las partes de nuestra existencia pues esto nos permite experimentarnos a nosotras mismas con más claridad.

Lo mismo sucede con lo sentimientos. Cuando únicamente los experimentamos física y mentalmente perdemos claridad y nos enrolamos en el sufrimiento pero cuando nos tomamos una pausa y nos permitimos sentir con nuestro espíritu nos damos la oportunidad de trascender y sanar la raíz de nuestro dolor.

Es por esto que hoy te invito a hacerle frente a los pensamientos y creencias que te limitan mental, física y emocionalmente regalándote el permiso de sentir con las 3 esferas que te contienen ¿estás lista?

  1. No se puede sanar si no se conoce la enfermedad: reconoce la situación en la que has estado sufriendo.

  2. Acepta tus sentimientos: aceptar no es resignarse, no es decir “que mal que mi hermana rompió la blusa pues ya ni modo”. Aceptar es decir “siento enojo” sin calificarlo como bueno o malo, justo o injusto ni pensar si debería o no debería haber sucedido lo que sucedió.

  3. No niegues o trates de entretenerte con otra cosa (ejercicio, trabajo, alcohol) para bloquear tus sentimientos: identifica las partes del cuerpo en las que lo sientes y describe para ti misma cuáles son las sensaciones físicas de la emoción.

  4. Una vez que reconozcas los sentimientos, exprésate: grítale a una almohada, escribe todo lo que sientas, platica con una foto o incluso puedes golpear un cojín ( no te asustes después de un ratito es sumamente divertido y liberador).

  5. Reconoce la raíz de tu sufrimiento:

  • ¿Es un problema grande, mediano o pequeño?

  • ¿Qué es realmente lo que me enoja, frustra, entristece o molesta?

  • ¿Esta situación qué me está diciendo de mí?

  • ¿Mi sentimiento tiene más que ver con el incumplimiento de mis expectativas (link libre de expectativas)?

  • ¿Es mi patrón automático de reacción o estoy respondiendo desde un lugar válido para hacerlo?

  • ¿Me siento atacada o sostenida?

  • ¿Para qué fin mayor pudo haber sucedido lo que sucedió?

6. Felicitate por regalarte la oportunidad de sentir y ten fe en que tu trabajo hará su efecto.

Mi intención más profunda es que a través de este ejercicio te des a ti misma la oportunidad de dejar de sufrir para sanar y trascender aquello que hoy tanto necesitas.




Espero que este artículo no solo te gustara sino que te funcionara también. Si así fue te invito a compartirlo en redes sociales y dejarnos tu experiencia en los comentarios.

¡Bonus del artículo! Si has llegado hasta aquí es porque seguramente te interesa comenzar a diseñar la vida de tus sueños. Agenda una sesión de cortesía conmigo y veamos qué es lo que el programa de acompañamiento emocional puede hacer para ti. Solo tienes que dar click aquí y seguir los pasos.

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