El sillón que ya no está vacío.

Ya no me acordaba, del sillón vacío o de la botella en la que había puesto mi corazón para sentirme segura.

¿El peso? se había vuelto normal, no mirar las estrellas una costumbre.

Sentir el frío del suelo subir por los pies ¡una terrible molestia!

¿Y el sillón? obviamente vacío, sin uso, empolvado…

¿Y si ya no soy niña?, ¿y si ya no me asombra lo que me rodea?, ¿y si el sillón se queda vacío para siempre?

¡ALTO!

“Había una vez una niña, como cualquier otra niña; tenía la cabeza llena de curiosidad por todas las maravillas del mundo, llena de imaginación sobre las estrellas….le fascinaba encontrar cosas nuevas ”

Si ¡pero el sillón se quedó vacío!

Y entonces ella puso su corazón en una botella.

¡ALTO!

Para bien o para mal sólo puso su corazón en una botella “al menos por un tiempo” pero después de varios viajes, encuentros y con ayuda logró sacarlo y volvió a ponerlo en su lugar.

Ahora ella se sienta en el sillón, imagina, siente, escribe y toma té.

Su corazón está seguro.


Soy Anina Walder y ahora tengo un blog.

No tengo la mejor ortografía pero quiero compartir lo que sucede en ese sillón.

¡Si! el que ya no está vacío.

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