¿Con cuál de ellas estás enfrentando tus retos actuales?

Con mis pacientes del programa de Acompañamiento Emocional, he descubierto que muy frecuentemente utilizamos estos dos términos como si fueran sinónimos cuando en realidad, no lo son y si te soy honesta a mí… ¡hasta opuestos me llegan a parecer! Es por esto que decidí poner manos a la obra y escribir un artículo con la intención de darte luz si es que estás pasando por una situación compleja o simplemente información para que la próxima vez que te enfrentes a un reto tengas la capacidad de elegir desde donde quieres verle. Regalarte permiso de sentir hará que dejes de sufrir.

Y es que mientras más nos resistimos al dolor mayor será nuestro sufrimiento. En palabras de Carl Jung, médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, todo lo que resistes, persiste. Cuando confundimos aceptación con resignación pensamos que si aceptamos nos estaremos dando por vencidas y que si luchamos encontraremos paz. La realidad es que en la lucha nunca se está en paz, el poder de cambiar las cosas es mucho más profundo, ligero y sutil. Recuerda: en la resistencia, vive la contundencia. Cuando me resigno me siento impotente ante una situación y tengo la sensación de que no se puede hacer nada. Cuando esto sucede me convierto en víctima de tal situación (mi peso, mi cuerpo, una enfermedad, ruptura, etc) y en consecuencia sufro porque como me gustaría que la realidad no fuese la que es, hace que me esté peleando con ella continuamente, generando resentimiento, enojo, tristeza, miedo, ansiedad, etc lo que, a su vez, hace que me quede anclada en esta situación sin capacidad de elección, me bloqueo y dejo de buscar opciones porque "esto es lo que hay y no más". Resignarte es como darte por vencida, creyendo que no eres capaz para cambiar la situación o que dicha situación no tiene remedio. Sé que estoy en resignación cuando utilizo frases como: “No me gusta mi vida, pero es la que me tocó”, "No me gusta mi cuerpo, pero es el que me tocó", “Mi pareja no me hace feliz, pero no se puede tener todo en la vida”, “Me hubiera gustado estudiar otra cosa, pero ahora ya estoy grande y ya no puedo volver el tiempo atrás”, “La vida es así", "No soy capaz", "Ya lo he intentado pero nunca lo he logrado", “¿Por qué me pasa esto a mí?, etc. Por el contrario, cuando comienzo aceptar veo la situación tal y como es (mi peso, mi cuerpo, una ruptura, etc) y entiendo desde el respeto que, aunque no me encante, así es en el presente, no en el pasado, no en el futuro, hoy. Cuando acepto dejo de pelearme con la realidad y me doy cuenta que no soy víctima de mi situación, ni de mi cuerpo, ni de mi personalidad, ni de lo que el otro haga o deje de hacer. Cuando acepto reconozco que yo puedo elegir cómo quiero pararme frente a dicha situación. Cuando acepto, amo y respeto y puedo tomar decisiones con libertad.

La situación puede no gustarte, la aceptación se trata de dejar de invertir tu energía en sentimientos y emociones que no te funcionan (rabia, frustración, tristeza, enojo) para dedicarla a cambiar lo que está en tu poder. La aceptación te hace responsable porque te permite elegir a ti qué quieres hacer y cómo quieres pararte frente a lo que sucede ¿Qué acciones quieres tomar y qué tan lejos quieres llegar?


La diferencia entre aceptar y resignarse es que cuando me resigno, pienso que la vida me sucede y creo resistencia a los hechos que son contrarios a mis planes. Mientras que cuando acepto lo que me ocurre fluyo con la vida y aprendo de cada situación que se me plantea.

Espero querida, que estas palabras traigan luz y amor a tu vida.

Recuerda: no estás sola, yo con gusto te acompaño.

Con amor,

Anina Walder

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